Pajarear: una palabra que me cambió la vida

Colombia  ·  3 noviembre 2026  ·  Editorial

Hace once años salí con una cámara a buscar aves. No imaginaba que aquella mañana encontraría mucho más que pájaros: una nueva manera de vivir, de crear, de compartir y de ser feliz.

Por Mauricio Ossa Aristizábal | Editorial Birds News

El 12 de septiembre de 2015 salí con mi cámara al Parque Los Alcázares, en Manizales. No tenía la menor idea de lo que estaba comenzando. Solo buscaba un poco de tranquilidad, desconectarme del ruido cotidiano, encontrar un espacio para mí.

Y terminé encontrando mucho más de lo que buscaba.

Eco-Parque los Alcázares Manizales grupo de la primera pajareada el 12 de Septiembre de 2015

Aquella mañana descubrí en el pajareo mi mejor terapia.

Encontré una forma de detener el tiempo, de despejar la mente, de poner los pensamientos en orden y de recargarme de energía. Descubrí que bastaba escuchar un canto, seguir el movimiento de un ave entre las ramas o simplemente sentarme a contemplar la naturaleza para sentirme profundamente feliz.

Han pasado once años. Once años en los que mi vida ha dado tantas vueltas maravillosas que a veces me cuesta imaginar todo lo que nació de aquella sencilla decisión de salir a buscar aves.

Porque lo que comenzó como una afición terminó convirtiéndose en una forma de vivir, de sentir y de entender el mundo.

Las aves me enseñaron a detenerme, a escuchar, a observar los pequeños detalles y a descubrir que la felicidad muchas veces está en las cosas más sencillas.

Se convirtieron en ese tomacorriente que me conecta con la vida, que me recarga de energía y que me recuerda lo extraordinario que es estar aquí y tener todavía tantas cosas por descubrir.

Cuando las pasiones se encuentran

En todo este camino ha estado también otra de mis grandes pasiones: la fotografía.

Esa cámara que me acompañó en la primera pajareada terminó convirtiéndose en una extensión de mis ojos, en una herramienta para contar historias, guardar emociones y compartir con otros la belleza de lo que iba descubriendo.

Siempre he amado crear. Desde muy joven encontré en la publicidad una manera de imaginar, comunicar y convertir las ideas en realidades. Durante más de treinta años he vivido enamorado de ese mundo creativo, sin sospechar que todo lo aprendido terminaría siendo tan importante en esta nueva etapa de mi vida.

Porque las aves me regalaron algo extraordinario: un universo de posibilidades para seguir creando.

La fotografía, la comunicación, el diseño, las historias, las campañas, los proyectos, las experiencias… Todo aquello que había aprendido durante tantos años comenzó a encontrar un nuevo sentido.

Y así fueron naciendo ideas que se transformaron en proyectos, algunos pequeños, otros inmensos, pero todos construidos con pasión y con unas ganas inagotables de hacer cosas diferentes.

Las aves también nos unen como familia

Y lo más maravilloso es que las aves nunca llegaron solas.

Me regalaron personas extraordinarias, amistades entrañables, lugares que ni siquiera sabía que existían y experiencias que jamás habría imaginado vivir.

Y, por supuesto, me regalaron la posibilidad de construir sueños en familia.

Con Niky encontré no solamente una compañera de vida, sino una cómplice de aventuras, de sueños y de esas ideas que a veces parecen imposibles hasta que decidimos hacerlas realidad.

Juntos nos atrevimos a recorrer Colombia durante 365 días, a conocer sus 32 departamentos, a maravillarnos con 1.471 especies de aves y, sobre todo, a descubrir un país lleno de gente maravillosa.

Nuestro Big Year Colombia 2021 fue mucho más que un desafío de observación de aves. Fue una experiencia que nos permitió entender la riqueza humana y natural de nuestro territorio y confirmar que las aves pueden convertirse en un extraordinario puente entre las personas.

Y con Elena, mi hija, las aves nos regalaron una conexión muy especial.

A través de la Fundación Guardián de las Aves hemos encontrado una manera hermosa de compartir sueños, experiencias y propósitos. Verla involucrarse, aportar su sensibilidad, su creatividad y su propia manera de entender el mundo me llena de orgullo y felicidad.

Hay algo profundamente emocionante en descubrir que aquello que comenzó siendo una pasión personal termina convirtiéndose también en un espacio de encuentro con tu hija. Que podemos aprender juntos, imaginar proyectos, compartir con los niños y construir recuerdos que van mucho más allá de observar aves.

De pajarear a pajarerizar

Precisamente, los niños han sido uno de los regalos más extraordinarios de estos once años.

Con Niky hemos tenido la fortuna de conocer cientos de niños y jóvenes de diferentes rincones de Colombia. Algunos viven en ciudades; otros, en comunidades rurales, montañas, selvas y territorios donde la naturaleza hace parte de su vida cotidiana.

Cada uno tiene una historia, unos sueños y una manera única de mirar el mundo.

Y algo que hemos aprendido es que los niños no necesitan que les enseñemos a maravillarse. Ellos ya saben hacerlo. Lo que necesitan son oportunidades para descubrir, explorar, preguntar, imaginar y encontrar aquello que enciende su curiosidad.

Eso es lo que buscamos desde nuestra Fundación Guardián de las Aves.

No queremos simplemente formar niños que sepan identificar especies o reconocer cantos. Queremos inspirarlos a descubrir sus propias capacidades, fortalecer su confianza, despertar su creatividad y comprender que tienen un papel importante en el cuidado del planeta.

Porque detrás de cada niño que levanta unos binoculares hay mucho más que un futuro observador de aves. Hay un ser humano lleno de posibilidades, con talentos por descubrir y sueños que merecen tener alas.

Y fue precisamente tratando de explicar todo esto que con Niky nos inventamos una palabra durante nuestro Big Year Colombia 2021: PAJARERIZAR.

Pajarerizar es mucho más que enseñar a pajarear. Es conectar emocionalmente a las personas con la naturaleza a través de las aves. Es despertar el asombro, la curiosidad, el bienestar emocional y el deseo de conservar. Es utilizar las aves como un puente para acercarnos a los demás, a nuestros territorios y a nosotros mismos.

Es comprender que no todos los niños tienen que convertirse en pajareros, fotógrafos, biólogos o guías. Tal vez uno descubra su pasión por la ciencia, otro por el arte, otro por contar historias y otro simplemente encuentre en la naturaleza ese lugar donde puede sentirse libre y feliz.

Y cualquiera de esos caminos será maravilloso.

Porque nuestro propósito nunca ha sido que todos los niños se enamoren de las aves, sino que, a través de ellas, encuentren razones para enamorarse de la vida.

Por eso hablamos de pajarerizar para la conservación y el bienestar emocional.

Y cuando vemos a un niño emocionarse con su primera ave, compartir sus descubrimientos, expresar sus ideas o regresar a casa con una sonrisa y nuevas preguntas, sentimos que todo este esfuerzo tiene sentido.

Es una de las satisfacciones más profundas que me ha regalado este camino: descubrir que aquello que un día me ayudó a encontrar bienestar hoy puede convertirse en una oportunidad para inspirar a otros.

Las aves son el vehículo. Las personas son el propósito.

El privilegio de mostrar nuestro país

Hay otra parte de mí que las aves me han permitido desarrollar de una manera extraordinaria: mi espíritu de guía.

Creo que toda mi vida he disfrutado mostrarles a otros lo que descubro, compartir lo que me emociona, llevar a las personas a lugares especiales y procurar que cada experiencia se convierta en un recuerdo inolvidable.

Y tanta ha sido esa pasión que las aves terminaron llevándome nuevamente a las aulas.

Después de más de treinta años dedicados a la publicidad, decidí volver a estudiar. Hoy estoy en camino de terminar mi Tecnología en Guianza Profesional, una nueva etapa que estoy disfrutando enormemente.

Volver a ser estudiante, aprender nuevas cosas, compartir conocimientos con otros y prepararme para hacer cada día mejor lo que tanto disfruto ha sido otra de las grandes sorpresas de este camino.

Quién me iba a decir que, después de tantos años de vida profesional, terminaría nuevamente entre clases, trabajos y evaluaciones, pero con la misma ilusión de quien comienza una nueva aventura.

He comprendido que nunca es tarde para aprender algo nuevo o para descubrir una pasión que nos lleve por caminos inesperados.

Hoy tengo el privilegio de recibir personas de diferentes rincones del mundo y acompañarlas a descubrir las aves de Colombia.

Y aunque me emociona cada especie que encontramos, lo que verdaderamente me hace feliz es ver sus rostros de asombro, escuchar sus historias y sentir que se están llevando un pedacito de este país en el corazón.

Porque no se trata solamente de mostrar aves. Se trata de compartir nuestros paisajes, nuestra cultura, nuestra gente, nuestros sabores y esa riqueza natural que hace de Colombia un lugar extraordinario.

Qué privilegio poder mostrarles este rincón del planeta, el país donde más especies de aves decidieron hacer su hogar.

Y qué satisfacción saber que, cuando nuestros visitantes regresan a sus países, se llevan mucho más que una lista de especies o unas buenas fotografías. Se llevan historias, emociones, amistades y, ojalá, el deseo de regresar.

He descubierto que guiar no es solamente mostrar un camino, sino ayudar a que otros encuentren algo maravilloso durante el recorrido.

Once años después, sigo pajareando

Hoy miro hacia atrás y me cuesta creer todo lo que hemos vivido.

Cuántos kilómetros recorridos, cuántos amaneceres, cuántas fotografías, cuántas ideas convertidas en realidad, cuántos abrazos, cuántas conversaciones, cuántas risas, cuántas historias que comenzaron con alguien diciendo: «¡Mira, allá hay un pájaro!».

Y pienso en todo lo que habría dejado de conocer si aquella mañana de septiembre hubiera decidido quedarme en casa.

Pero, sobre todo, pienso en todo lo que todavía nos falta por vivir.

Porque esa es una de las cosas más bonitas que me han enseñado las aves: siempre habrá un nuevo amanecer, un camino por recorrer, una especie por descubrir, una historia por fotografiar, una idea por crear, algo nuevo por aprender, alguien con quien compartirlo y una buena razón para maravillarnos.

Por eso, cuando leo la definición que hoy compartimos en nuestro Diccionario Pajarero, siento que resume una parte muy profunda de mi propia historia:

«Pajarear es salir a buscar aves y regresar viendo el mundo con otros ojos».

Once años después, sigo saliendo a buscarlas con la misma ilusión de aquella primera mañana. Quizás con más canas, miles de fotografías, muchas más historias, nuevos cuadernos de estudio y una gratitud inmensa por todo lo vivido.

Y si algo tengo claro hoy es que todavía me quedan muchísimas aves por encontrar, muchos lugares por conocer, muchas cosas por crear, mucho por aprender y, especialmente, muchas personas con quienes compartir esta maravillosa pasión.

Hace once años salí a buscar aves buscando un poco de tranquilidad. Encontré mi terapia, una nueva forma de crear, un mundo de sueños compartidos, la oportunidad de volver a estudiar, una manera de inspirar a otros y una vida llena de historias y motivos para ser feliz.

Y lo más bonito de todo es que siento que esta aventura apenas está comenzando.

Porque después de once años pajareando, he comprendido que lo extraordinario no es solamente todo lo que he podido descubrir mirando a las aves, sino todo lo que ellas me han enseñado a descubrir en la vida.

Mauricio Ossa Aristizábal

Birds Colombia — La Voz de las Aves

Fuente: Birds Colombia — Editorial de Mauricio Ossa  ·  Leer publicación original →