
En Filadelfia, Estados Unidos, los jóvenes están impulsando una nueva manera de relacionarse con la naturaleza. Los registros de eBird muestran un crecimiento del 166 % en el número de usuarios de la ciudad entre 2020 y 2025, mientras los clubes y encuentros de observación ganan protagonismo.
La observación de aves está encontrando nuevos protagonistas. En Filadelfia, Estados Unidos, una generación de jóvenes está convirtiendo los parques urbanos y espacios verdes en lugares de encuentro, aprendizaje y conexión con la naturaleza.
Un reportaje publicado el 17 de octubre de 2026 por The Philadelphia Inquirer aborda el crecimiento de esta actividad entre millennials y miembros de la generación Z, quienes están descubriendo que observar aves puede ser mucho más que una afición individual.
La tendencia se refleja tanto en la participación en actividades comunitarias como en el crecimiento de los usuarios de eBird, la plataforma de ciencia participativa del Laboratorio de Ornitología de Cornell.
Pero detrás de las cifras hay una transformación interesante: la observación de aves también se está convirtiendo en una experiencia social, accesible y cada vez más cercana a la vida cotidiana.
Un crecimiento que llama la atención
Los datos publicados por The Philadelphia Inquirer, a partir de información de eBird, muestran un crecimiento significativo en el número de usuarios de la plataforma entre 2020 y 2025.
En Pensilvania, los usuarios pasaron de 9.559 a 15.830, lo que representa un incremento del 66 %. En Nueva Jersey, la cifra aumentó de 6.098 a 11.082 usuarios, un crecimiento del 82 %.
Sin embargo, el dato más llamativo corresponde a Filadelfia, donde el número de usuarios pasó de 1.035 en 2020 a 2.754 en 2025, un aumento del 166 % en apenas cinco años.
| Región | Usuarios en 2020 | Usuarios en 2025 | Crecimiento |
|---|---|---|---|
| Filadelfia | 1.035 | 2.754 | 166 % |
| Pensilvania | 9.559 | 15.830 | 66 % |
| Nueva Jersey | 6.098 | 11.082 | 82 % |
Es importante señalar que Filadelfia forma parte de Pensilvania y, por tanto, sus cifras están incluidas dentro de los registros estatales.
Aunque el crecimiento de usuarios de eBird no significa necesariamente que el número total de observadores de aves haya aumentado en la misma proporción, sí constituye un indicador de la expansión de una comunidad que registra y comparte sus observaciones.
Este fenómeno también se refleja en los encuentros presenciales. La quinta edición del Philly Birding Weekend, celebrada el 10 y 11 de octubre de 2026, reunió aproximadamente 140 personas inscritas en diez recorridos de observación de aves.
Estas cifras muestran que el interés no se limita al uso de herramientas digitales: también está generando nuevas oportunidades para encontrarse, compartir experiencias y descubrir la biodiversidad de la ciudad.
Del bosque al parque del barrio
Durante mucho tiempo, la imagen del observador de aves estuvo asociada con personas que recorrían grandes reservas naturales, utilizaban equipos especializados y dedicaban largas jornadas a encontrar especies.
Aunque esa forma de practicar la actividad sigue vigente, los nuevos grupos urbanos están demostrando que existe otra puerta de entrada.
Un parque cercano, unos binoculares y la curiosidad por descubrir qué aves habitan en la ciudad pueden ser suficientes para comenzar.
Las herramientas digitales también han facilitado ese acercamiento. Aplicaciones como Merlin Bird ID y eBird permiten identificar especies, aprender sobre sus vocalizaciones y compartir registros que pueden contribuir al conocimiento científico.
La observación de aves comienza así a formar parte de la vida cotidiana de personas que antes no se consideraban pajareras.
Y este cambio tiene una característica importante: no exige grandes desplazamientos ni necesariamente inversiones costosas. La naturaleza está mucho más cerca de lo que muchas personas imaginan.

Una nueva manera de encontrarse
El crecimiento de los clubes de observación entre jóvenes revela otro aspecto importante: salir a pajarear también puede ser una manera de construir comunidad.
Las caminatas compartidas permiten conocer personas con intereses similares, explorar nuevos espacios y dedicar tiempo a una actividad que invita a prestar atención a lo que sucede alrededor.
En una época marcada por la conexión permanente con las pantallas, observar aves ofrece una experiencia diferente: detenerse, escuchar y descubrir.
Los parques urbanos dejan de ser solamente lugares de tránsito o recreación para convertirse en escenarios de aprendizaje, exploración y encuentro.
Y esa experiencia no depende necesariamente de viajar lejos ni de encontrar una especie extraordinaria.
Muchas veces comienza con un ave común que canta desde un árbol, una especie migratoria que aparece durante algunos meses del año o una pequeña bandada que se alimenta en un jardín.
Lo importante es que alguien se detenga a observarla.
La tecnología también está acercando a las nuevas generaciones
Una de las características de esta transformación es el papel que cumplen las herramientas digitales.
Plataformas como eBird permiten que las observaciones individuales formen parte de una base de datos utilizada por investigadores y organizaciones dedicadas al estudio y conservación de las aves.
Merlin Bird ID, por su parte, facilita los primeros pasos de identificación mediante fotografías, sonidos y otras herramientas de reconocimiento.
Estas aplicaciones no reemplazan la experiencia de salir al campo, pero pueden convertirse en una puerta de entrada para quienes todavía no conocen las aves de su entorno.
Además, permiten que una actividad tradicionalmente asociada con el conocimiento especializado resulte más accesible para personas que apenas comienzan.
El crecimiento de usuarios de eBird en Filadelfia demuestra que cada vez más personas están utilizando estas herramientas para registrar sus encuentros con las aves.
¿Qué podemos aprender en Colombia?
Colombia cuenta con una riqueza de aves excepcional, pero el acceso a esa biodiversidad no está limitado a los grandes destinos de aviturismo.
Bogotá, Medellín, Cali, Manizales y muchas otras ciudades tienen parques, jardines, humedales y corredores verdes donde es posible observar numerosas especies.
La experiencia de Filadelfia invita a pensar en el potencial de estos espacios para acercar a nuevas generaciones a las aves.
En Colombia existen grupos de observación, iniciativas educativas y comunidades pajareras que trabajan desde hace años por despertar ese interés. Sin embargo, todavía hay oportunidades para fortalecer la participación de los jóvenes, especialmente mediante actividades accesibles, frecuentes y cercanas a sus lugares de residencia.
Quizás uno de los grandes retos no sea solamente promover viajes para observar especies, sino lograr que más personas descubran las aves que conviven con ellas todos los días.
Los parques urbanos pueden convertirse en espacios para aprender a identificar especies, registrar observaciones, comprender la importancia de los árboles y reconocer el valor de conservar la biodiversidad dentro de las ciudades.
Y los clubes de observación pueden ofrecer algo igualmente importante: un sentido de pertenencia alrededor de un interés compartido.
El futuro de la observación también es urbano
El crecimiento de la observación de aves en Filadelfia plantea una reflexión que trasciende las fronteras de Estados Unidos.
Durante años, buena parte de la promoción del aviturismo se ha concentrado en destinos naturales, especies emblemáticas y experiencias especializadas. Todos estos elementos siguen siendo importantes, pero las nuevas generaciones están mostrando que existe otra manera de acercarse a las aves.
Una manera que comienza cerca de casa, que encuentra valor en las especies comunes y que convierte la observación en una actividad compartida.
Para un país como Colombia, donde la diversidad de aves forma parte de nuestra riqueza natural, esta tendencia representa una oportunidad para conectar a más personas con la biodiversidad desde su vida cotidiana.
Porque el futuro de la observación de aves no depende solamente de quienes viajan a los lugares más remotos para encontrar especies extraordinarias.
También depende de quienes descubren, por primera vez, que en el parque de su barrio hay un mundo de aves esperando ser observado.