Old Blue: la hembra que ayudó a salvar una especie y cuya descendencia conquistó el Ave del Año 2026.

Nueva Zelanda  ·  11 octubre 2026  ·  Ciencia / Conservación

En 1980, apenas cinco petirrojos negros sobrevivían en las islas Chatham, Nueva Zelanda. Solo una hembra podía reproducirse. Casi medio siglo después, esta pequeña ave protagoniza una de las historias más extraordinarias de la conservación y acaba de ser elegida Ave del Año 2026.

En 1980, el futuro de toda una especie de ave dependía de cinco individuos. Entre ellos había una sola hembra reproductora, conocida como Old Blue. Su supervivencia, junto con un extraordinario esfuerzo de conservación, permitió cambiar el destino del petirrojo negro de las islas Chatham (Petroica traversi), una pequeña ave que estuvo a punto de desaparecer para siempre.

Más de cuatro décadas después, su historia vuelve a recorrer el mundo. En septiembre de 2026, el petirrojo negro, conocido también como karure, fue elegido Ave del Año de Nueva Zelanda en el concurso organizado por Forest & Bird, una de las principales organizaciones conservacionistas del país.

El reconocimiento celebra mucho más que la belleza de un ave. Es un homenaje a una historia de supervivencia que demuestra cómo la ciencia, la dedicación y las decisiones oportunas pueden evitar una extinción.

Cuando solo quedaban cinco

El petirrojo negro es una especie endémica de las islas Chatham, un archipiélago situado a unos 800 kilómetros al este de Nueva Zelanda.

Durante décadas, la transformación de los ecosistemas y la presencia de depredadores introducidos redujeron drásticamente su población, hasta llevarla al borde de la extinción.

En 1980, los investigadores encontraron una situación desesperada: únicamente sobrevivían cinco individuos y solo una hembra estaba en condiciones de reproducirse.

Era Old Blue.

Esta pequeña ave se convirtió en la esperanza de toda una especie. Cada huevo que ponía representaba una nueva oportunidad, pero también un enorme desafío: lograr que suficientes polluelos sobrevivieran para reconstruir una población viable.

La posibilidad de perder a Old Blue significaba enfrentar un riesgo inmediato de extinción.

Old Blue, la única hembra reproductora del petirrojo negro de las islas Chatham cuando la especie estuvo al borde de la extinción. Todos los individuos actuales descienden de ella. Fotografía: Don Merton / Department of Conservation, Nueva Zelanda.

El extraordinario plan para salvar al petirrojo negro

Ante esta situación, un equipo de conservación liderado por el ornitólogo neozelandés Don Merton puso en marcha un programa de recuperación que se convertiría en un referente internacional.

Una de sus estrategias más ingeniosas consistió en retirar cuidadosamente algunos huevos de los nidos de petirrojo negro y trasladarlos a nidos de otras aves capaces de incubarlos y criar a los polluelos.

Este procedimiento, conocido como crianza mediante padres adoptivos, permitió que Old Blue produjera nuevas puestas durante una misma temporada reproductiva, aumentando las posibilidades de obtener descendencia.

El programa también incluyó el traslado de individuos a islas más seguras, el seguimiento permanente de los nidos y la protección de los territorios de reproducción.

No fue un proceso sencillo ni inmediato. Requirió años de observación, experimentación y trabajo de campo para comprender el comportamiento reproductivo de la especie y mejorar sus posibilidades de supervivencia.

Pero los esfuerzos comenzaron a dar resultado.

De aquellos cinco individuos, la población empezó a crecer lentamente.

Todos descienden de Old Blue

Uno de los aspectos más sorprendentes de esta historia es que todos los petirrojos negros que sobreviven actualmente descienden de Old Blue.

La hembra que alguna vez representó la última oportunidad reproductiva de su especie se convirtió en el origen de una población que hoy cuenta con varios centenares de individuos.

Old Blue murió en 1983, pero su descendencia continúa habitando las islas Chatham.

Su historia es un ejemplo extraordinario de recuperación poblacional, aunque también revela uno de los desafíos más importantes de la conservación: cuando una especie llega a un número tan reducido de individuos, su diversidad genética puede verse seriamente comprometida.

Por eso, aunque el petirrojo negro logró escapar de la extinción inmediata, su supervivencia a largo plazo continúa dependiendo de programas de conservación y de la protección de sus hábitats.

De estar al borde de la extinción a ser el Ave del Año 2026

En septiembre de 2026, el petirrojo negro fue elegido ganador del concurso Bird of the Year, organizado anualmente por Forest & Bird para despertar el interés de la sociedad por las aves nativas de Nueva Zelanda.

La elección del karure representa un reconocimiento a una de las historias de conservación más emblemáticas del país.

Su victoria también permite recordar que las especies menos conocidas pueden convertirse en poderosos símbolos de protección de la biodiversidad.

A diferencia de otras aves neozelandesas ampliamente reconocidas, el petirrojo negro es una especie pequeña, de distribución muy restringida y cuya existencia continúa estrechamente vinculada al trabajo de los conservacionistas.

Su historia demuestra que la recuperación de una especie no siempre depende de grandes poblaciones iniciales, sino de comprender sus necesidades, proteger sus hábitats y mantener esfuerzos sostenidos durante décadas.

Una recuperación que todavía necesita protección

Aunque actualmente existen varios centenares de petirrojos negros, la especie sigue considerada en situación crítica dentro del sistema de clasificación de amenazas de Nueva Zelanda.

Su distribución permanece limitada a unas pocas islas protegidas, donde la ausencia de depredadores introducidos es fundamental para garantizar su supervivencia.

La llegada accidental de ratas u otros animales invasores, las enfermedades y los eventos ambientales extremos podrían representar amenazas graves para una población tan localizada.

Por eso, el trabajo de conservación no terminó cuando la especie comenzó a recuperarse.

Los especialistas continúan estudiando su reproducción, monitoreando sus poblaciones y buscando alternativas para garantizar que estas aves dispongan de territorios seguros en el futuro.

La recuperación del petirrojo negro es un éxito, pero también una responsabilidad permanente.

Old Blue, una historia que merece ser recordada

La historia de Old Blue trasciende las fronteras de Nueva Zelanda.

En un mundo donde numerosas especies de aves enfrentan la pérdida de sus hábitats, el cambio climático y otras amenazas provocadas por las actividades humanas, su legado demuestra que todavía es posible cambiar el rumbo de una especie que se encuentra al borde de desaparecer.

Pero también deja una lección fundamental: esperar hasta que sobrevivan apenas unos pocos individuos hace que cualquier esfuerzo de recuperación sea mucho más difícil, costoso e incierto.

La conservación debe comenzar mucho antes de que una especie llegue a una situación extrema.

Hoy, cada petirrojo negro que canta en las islas Chatham es parte de una historia que comenzó con cinco sobrevivientes, una hembra llamada Old Blue y un grupo de personas que se negaron a aceptar su desaparición.

Old Blue no vivió para conocer el reconocimiento que hoy recibe su especie. Pero, más de cuatro décadas después de su muerte, sus descendientes siguen recordándonos que salvar una especie es también proteger todas las historias que todavía puede contar.

Escucha la voz del petirrojo negro de las islas Chatham

El canto del petirrojo negro (Petroica traversi) forma parte del patrimonio natural de las islas Chatham, en Nueva Zelanda. Una voz que estuvo cerca de desaparecer cuando la especie se redujo a solo cinco individuos y que hoy continúa escuchándose gracias a décadas de trabajo de conservación.

Grabación: Jenna Hoverd / David Boyle
Fuente: Xeno-canto
Registro: XC1053954

Fuente: Forest & Bird / Department of Conservation  ·  Leer publicación original →