De 51 a 325 individuos: el extraordinario regreso del kākāpō, el loro que no puede volar

Nueva Zelanda  ·  12 octubre 2026  ·  Conservación
Foto: Jake Osborne / Flickr — CC BY-NC 2.0.Sinbad, un kākāpō (Strigops habroptilus) fotografiado en Nueva Zelanda en 2017.

Nueva Zelanda celebra una temporada reproductiva histórica para una de las aves más amenazadas del planeta. Después de cuatro años sin reproducción, el kākāpō alcanzó una población de 325 individuos, un nuevo hito en una historia de conservación que comenzó cuando apenas quedaban 51 ejemplares.

En los bosques de Nueva Zelanda habita uno de los loros más extraordinarios del mundo. No puede volar, es nocturno, tiene un rostro que recuerda al de un búho y los machos producen profundos sonidos que pueden propagarse a grandes distancias durante el cortejo.

Se trata del kākāpō (Strigops habroptilus), un ave endémica de Nueva Zelanda que estuvo al borde de desaparecer para siempre y que hoy protagoniza una de las historias más esperanzadoras de la conservación de aves.

En 1995, su población conocida se había reducido a apenas 51 individuos. Tres décadas después, el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda (DOC) confirmó que la especie alcanzó los 325 ejemplares, gracias a una temporada reproductiva sin precedentes.

Una temporada que cambió las cifras

El 1 de septiembre de 2026, el programa Kākāpō Recovery anunció los resultados de una temporada reproductiva extraordinaria: 258 huevos, 106 polluelos nacidos y 90 jóvenes que alcanzaron los 150 días de edad, momento en el que fueron incorporados oficialmente al conteo de la población.

El resultado fue especialmente significativo porque la especie llevaba cuatro años sin reproducirse.

A diferencia de muchas otras aves, el kākāpō no se reproduce todos los años. Su ciclo está estrechamente relacionado con la fructificación masiva del rimu (Dacrydium cupressinum), un árbol nativo cuyos frutos proporcionan recursos alimenticios fundamentales para la reproducción y crianza de los polluelos.

Cuando los árboles producen abundantes frutos, se crean las condiciones que favorecen una nueva temporada reproductiva.

El loro que olvidó volar

El kākāpō es el loro más pesado del mundo y una de las aves más singulares de Nueva Zelanda. Los machos pueden alcanzar aproximadamente cuatro kilogramos de peso y, aunque sus alas no les permiten volar, son capaces de caminar largas distancias y trepar árboles.

Su plumaje verde amarillento, salpicado de manchas oscuras, le proporciona un extraordinario camuflaje entre la vegetación del bosque.

Durante millones de años evolucionó en un territorio sin mamíferos depredadores terrestres, por lo que desarrolló comportamientos muy diferentes a los de otros loros.

Sin embargo, esas mismas características se convirtieron en una desventaja cuando llegaron los seres humanos y, posteriormente, animales introducidos como ratas, gatos y armiños.

La depredación, la pérdida de hábitat y la cacería llevaron a la especie al borde de la extinción.

Toiora, un kākāpō (Strigops habroptilus) de Nueva Zelanda. Fotografía: Jake Osborne / Flickr.

Una voz que resuena en el bosque

Una de las características más sorprendentes del kākāpō es su sistema de cortejo.

Durante la temporada reproductiva, los machos se reúnen en áreas de exhibición conocidas como leks, donde preparan pequeñas depresiones en el suelo que ayudan a proyectar sus vocalizaciones.

Desde allí producen un sonido grave y resonante conocido como booming, que puede propagarse a varios kilómetros de distancia.

Estas vocalizaciones, que pueden repetirse durante horas, permiten atraer a las hembras desde diferentes sectores del bosque.

El kākāpō también produce sonidos metálicos y agudos conocidos como chinging, que forman parte de su elaborado repertorio de cortejo.

Escucha la voz del kākāpō

Durante el cortejo, los machos producen profundos sonidos de baja frecuencia, conocidos como booming, para atraer a las hembras. Esta grabación permite conocer una de las vocalizaciones más extraordinarias del mundo de las aves.

Audio: Departamento de Conservación de Nueva Zelanda (DOC).

La ciencia detrás de su recuperación

La supervivencia del kākāpō es el resultado de décadas de investigación, monitoreo y manejo intensivo.

Cada individuo es identificado y seguido por los equipos de conservación. Los investigadores utilizan transmisores, vigilan los nidos, protegen huevos y polluelos y, cuando es necesario, intervienen para aumentar las posibilidades de supervivencia.

En algunas temporadas también proporcionan alimentación suplementaria a determinadas hembras, especialmente cuando la disponibilidad de frutos de rimu no es suficiente para cubrir las necesidades de la reproducción.

El programa trabaja además para preservar la diversidad genética de una población que sufrió una reducción extrema.

La recuperación ha sido posible gracias al trabajo conjunto del Departamento de Conservación, el pueblo indígena Ngāi Tahu, científicos, guardaparques, voluntarios y organizaciones aliadas.

Jester, un kākāpō (Strigops habroptilus) fotografiado en Nueva Zelanda. Foto: Jake Osborne / Flickr.

Una victoria que todavía no significa estar a salvo

Aunque la población del kākāpō se ha multiplicado más de seis veces desde 1995, la especie continúa clasificada como En Peligro Crítico de extinción.

Su futuro depende de mantener territorios libres de depredadores introducidos, ampliar las áreas adecuadas para nuevas poblaciones y fortalecer su diversidad genética.

El desafío ya no consiste únicamente en aumentar el número de individuos, sino en conseguir poblaciones saludables que puedan mantenerse a largo plazo con una intervención humana cada vez menor.

La historia del kākāpō demuestra que la extinción no siempre es un destino inevitable.

Detrás de cada nuevo polluelo hay décadas de trabajo científico, decisiones de conservación, protección del territorio y personas comprometidas con la supervivencia de una especie.

En un planeta donde tantas poblaciones de aves están disminuyendo, el regreso del kākāpō nos recuerda que la conservación también puede producir buenas noticias.

Fuente: Department of Conservation — Kākāpō Recovery  ·  Leer publicación original →