¿Por qué algunos cantos de aves nos gustan más que otros?

Alemania  ·  20 septiembre 2026  ·  Ciencia

Un nuevo estudio analizó las vocalizaciones de 123 especies para entender qué características hacen que ciertos sonidos de las aves resulten especialmente agradables para las personas.

Hay cantos de aves que nos hacen detenernos.

No necesariamente sabemos qué especie está cantando. Tal vez nunca la hemos visto. Incluso podemos no saber absolutamente nada sobre aves.

Y, aun así, algo ocurre cuando la escuchamos.

¿Por qué?

Un grupo de investigadores de la Universidad de Tübingen, en Alemania, decidió explorar justamente esa pregunta: ¿qué características hacen que algunas vocalizaciones de las aves nos resulten más agradables que otras?

La investigación, publicada en Frontiers in Bird Science, reunió a 84 personas, entre los 19 y los 81 años, que escucharon grabaciones de 123 especies de aves silvestres presentes en Alemania.

Los participantes no conocían el nombre de la especie que estaban escuchando y debían calificar cada vocalización en una escala de uno a cinco según qué tan agradable les resultaba.

Hay sonidos que nos gustan más

Después de comparar las respuestas con diferentes características acústicas de las grabaciones, los investigadores encontraron algunos patrones.

Las personas tendieron a valorar mejor vocalizaciones relativamente suaves, con determinados rangos de frecuencia y con una mayor variedad de elementos sonoros.

La complejidad también resultó interesante.

No se trataba simplemente de producir muchas notas. Las vocalizaciones con mayor variedad de tipos de elementos sonoros tendían a ser percibidas como más agradables.

Es decir, no solamente importa cuánto canta un ave, sino cómo está construido su canto.

El mirlo obtuvo la puntuación más alta

Entre las 123 especies escuchadas durante el experimento, hubo una que obtuvo la mayor valoración.

El mirlo común (Turdus merula) alcanzó una puntuación promedio de 4,52 sobre 5.

En el otro extremo estuvo la lechuza común (Tyto alba), cuya vocalización recibió una puntuación promedio de 1,32.

Pero quizá lo más interesante del estudio no sea descubrir cuál especie quedó arriba o abajo.

Está en entender por qué reaccionamos de manera diferente ante determinados sonidos de la naturaleza.

No hay que ser pajarero para disfrutarlo

Los investigadores también preguntaron a los participantes por su conocimiento y experiencia con las aves.

Y apareció otro resultado interesante.

La especialización en observación de aves no mostró un efecto estadísticamente significativo sobre las valoraciones.

En otras palabras, saber identificar muchas aves no fue lo que determinó qué sonidos resultaban agradables.

Las personas que manifestaban una actitud más positiva hacia las aves sí tendieron a valorar mejor sus sonidos en general.

Esto abre una idea especialmente bonita:

no necesitamos conocer el nombre de un ave para que su canto nos haga sentir algo.

Escuchar también es conectarnos

La investigación tiene limitaciones.

Participaron solamente 84 personas y las especies estudiadas corresponden a aves presentes en Alemania. Además, las grabaciones utilizadas provenían de registros de campo realizados en diferentes condiciones, algo que los propios investigadores señalan como una limitación especialmente importante al interpretar características como el volumen.

Por eso los resultados no pueden convertirse en una clasificación universal sobre cuáles son las aves que “mejor cantan”.

Pero sí aportan nuevas pistas sobre nuestra relación con los paisajes sonoros naturales.

Comprender qué sonidos percibimos como agradables puede ayudar a estudiar cómo experimentamos parques, jardines y otros espacios verdes y cómo la biodiversidad que escuchamos influye en nuestra percepción de esos lugares.

Porque nuestra relación con las aves no comienza necesariamente cuando aprendemos sus nombres.

A veces comienza mucho antes.

Simplemente escuchando.

Fuente: Frontiers in Bird Science  ·  Leer publicación original →