Entre arracachas y pájaros: la historia de Harrison Vargas

Colombia – Tolima – Cajamarca  ·  1 octubre 2026  ·  Conservación / Fotografía / Historias

Cuatro generaciones cultivando arracacha en las montañas de Cajamarca, unos binoculares, una cámara, un grupo de jóvenes unidos por las aves y una película que terminó cruzando el Atlántico. Esta es la historia de Harrison Vargas, pero también la de las raíces que nos sostienen y los encuentros que pueden cambiar el rumbo de una vida.

Por Niky Carrera Levy y Mauricio Ossa

En una montaña de Cajamarca, Tolima, Harrison Vargas y su hermano Daniel vuelven a hacer algo que su familia lleva haciendo durante cuatro generaciones: sembrar arracacha.

Preparan la tierra y van poniendo los colinos uno a uno. Después los cubren. Y esperan.

Sembrar tiene algo de incertidumbre. Durante meses buena parte de lo que está ocurriendo permanece escondido bajo la tierra. Hay que confiar en el suelo, en la lluvia, en el trabajo y en que aquello que se sembró terminará creciendo.

Harrison tiene hoy 18 años y pertenece a la cuarta generación de una familia campesina que ha hecho de la arracacha parte de su vida.

Pero mientras seguía creciendo una raíz bajo aquellas montañas, en la vida de Harrison comenzaron a aparecer también las aves. Y esa combinación terminaría llevándolo mucho más lejos de lo que cualquiera habría podido imaginar.

Una raíz de cuatro generaciones

Harrison Vargas Ángel creció en Cajamarca junto a sus hermanos Daniel y Mauren. Su padre, Bernaín Vargas, pertenece a una familia para la cual la arracacha nunca ha sido simplemente un producto agrícola.

Es trabajo, sustento, tradición y memoria.

Harrison creció viendo salir las raíces de la tierra, las manos campesinas trabajando, los costales después de la cosecha y las recuas de mulas recorriendo caminos de montaña.

Años después comenzaría a fotografiar esas escenas.

En una de sus publicaciones escribió:

“Aquí no solo se cosecha arracacha. Aquí se cosechan madrugadas, esfuerzo, tradición y memoria”.

Cuando Harrison era todavía un niño, Cajamarca vivió uno de los episodios que marcaron la historia reciente del municipio. El 26 de marzo de 2017 sus habitantes participaron en una consulta popular alrededor de la ejecución de proyectos y actividades mineras.

Harrison no tenía edad para votar, pero sí para crecer escuchando una conversación que atravesaba a toda su comunidad: qué territorio querían construir y cuál debía ser el lugar de la agricultura en su futuro.

En medio de todo aquello estaba la arracacha.

Y unos años después apareció una pregunta aparentemente sencilla.

Si podían hacerse pasabocas de papa, plátano o yuca, ¿por qué no de arracacha?

Harrison tenía alrededor de 13 años cuando comenzó a experimentar con su familia. Las primeras pruebas se hicieron en casa. Poco a poco aquella idea de transformar una raíz que su familia llevaba generaciones cultivando comenzó a tomar forma.

Así nacieron Arrakchitas.

Pero casi al mismo tiempo estaba naciendo otra historia. La de Harrison con las aves.

Unos binoculares en Cajamarca

En sus primeros pasos por el mundo de las aves hubo dos personas importantes: Diego Espitia y Nodier Vivas.

Fue precisamente Diego quien nos habló por primera vez de Harrison. Nos contó de un muchacho de Cajamarca que estaba descubriendo las aves, la naturaleza y la fotografía, y nos puso en contacto con él para que conociera Guardián de las Aves.

Así entró Harrison en nuestra historia.

Y hay una fecha que recordamos especialmente: 6 de enero de 2021.

Niky y yo estábamos comenzando nuestro Big Year por Colombia y llegamos a Cajamarca. Harrison y su familia nos recibieron y salimos juntos hacia las montañas de Anaime.

Entre palmas de cera fuimos a buscar al Loro Orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis).

Lo encontramos.

Pero aquel día llevábamos algo más.

Harrison hacía parte del Comité Educativo de Guardián de las Aves y allí, en su propio territorio, le entregamos su diploma y un kit pajarero con unos binoculares.

Conservamos las fotografías. En ellas aparece un Harrison todavía niño, comenzando a recorrer un camino cuyo destino ninguno de nosotros conocía.

Pero hay otra escena de aquel día que hoy resulta casi premonitoria.

Después de pajarear, la familia Vargas nos ofreció torta y arequipe de arracacha.

Estábamos entre palmas de cera. Acabábamos de observar al Loro Orejiamarillo. Harrison acababa de recibir sus binoculares. Y nosotros teníamos en las manos productos hechos con la raíz que su familia llevaba generaciones sembrando.

Sin saberlo, los dos mundos de Harrison ya estaban reunidos allí.

La arracacha y las aves.

Ocho Guardianes rumbo a Casanare

Un año después ocurrió otro capítulo fundamental.

Entre el 13 y el 19 de diciembre de 2022 realizamos la Expedición Casanare, con el apoyo de Manakin Nature Tours.

Viajaron ocho integrantes del Comité Educativo de Guardián de las Aves: Miguel Ángel Gómez, Sofía Valero, Mateo Bohringer, Camilo Sanabria, Simón Santos, Marcelo Argel, Harrison Vargas y Samuel Álvarez Aristizábal.

Fueron días de aves, fotografía, naturaleza, juegos, aprendizajes y muchas horas compartidas.

Pero ocurrió algo que entonces quizás no dimensionamos suficientemente: se estaban construyendo amistades.

Entre ellas, la de Harrison y Mateo Bohringer, un joven franco-colombiano que hacía parte de aquella misma generación de Guardianes.

Hay una fotografía de esa expedición que hoy miramos de manera diferente. En ella aparecen Harrison, Mateo, Miguel y Samuel.

Samuel falleció en 2025 a causa de un cáncer.

Por eso aquella imagen terminó guardando algo que va mucho más allá de una expedición.

Nos recuerda que Guardián de las Aves nunca fue solamente aprender nombres de especies, salir a pajarear o entregar unos binoculares.

Mientras nosotros pensábamos que estábamos construyendo un proyecto de educación y conservación, aquellos jóvenes estaban construyendo también recuerdos, afectos y amistades.

Y una de esas amistades estaba a punto de convertirse en película.

Fotografiar aquello que no quiere perder

Mientras Harrison crecía, también lo hacía su relación con la fotografía.

Su cámara comenzó a registrar las aves de Cajamarca: loros, colibríes, tángaras, tucanes y muchas otras especies de esas montañas.

Pero Harrison no fotografiaba solamente aves.

Fotografiaba a su padre sosteniendo una cosecha. Las raíces todavía cubiertas de tierra. Las manos campesinas. Las mulas atravesando la montaña. A Daniel sembrando. Las laderas de Cajamarca. Su familia.

Cuando uno mira esas imágenes resulta difícil saber dónde termina la fotografía de naturaleza y dónde comienza el álbum familiar.

Tal vez porque para Harrison nunca han sido dos cosas distintas.

Su cámara apunta hacia aquello que forma parte del territorio que no quiere perder.

Y entonces sus dos mundos volvieron a encontrarse.

El Loro Orejiamarillo llegó a Arrakchitas. El ave de las montañas donde crece la arracacha comenzó a formar parte de la identidad del producto.

Tiene sentido.

La arracacha crece bajo la tierra. El loro vuela sobre las montañas. Y entre los dos está Cajamarca.

De Casanare a una película

La amistad entre Harrison y Mateo continuó después de aquella expedición.

Y un día apareció otra cámara.

Esta vez no era la de Harrison.

Los dos jóvenes terminaron convirtiéndose en protagonistas de Gardiens des Oiseaux, un documental de 52 minutos que recorre Colombia siguiendo historias alrededor de las aves, la biodiversidad y la conservación.

Pero detrás de la película ocurrió otra coincidencia extraordinaria.

El padre de Mateo, Mathieu Bohringer, participó de manera fundamental en el proyecto y trabajó el guion junto con la directora francesa Muriel Barra.

Y faltaba todavía otro Bohringer.

La narración francesa quedó en la voz de Richard Bohringer, abuelo de Mateo y reconocido actor francés.

De repente aparecieron frente a nosotros dos historias familiares construidas alrededor de generaciones.

En Cajamarca, cuatro generaciones de los Vargas cultivando una misma tierra.

Y alrededor de la película, tres generaciones de los Bohringer ayudando a contar una historia: Richard con su voz, Mathieu detrás del proyecto y Mateo frente a la cámara junto a Harrison.

Y hasta el nombre parecía cerrar el círculo:

Gardiens des Oiseaux.

Guardianes de las Aves.

Francia llegó a Cajamarca

La película abrió todavía otra puerta.

En abril de 2026, sus productores invitaron a Colombia a Philippe de Grissac, vicepresidente de la Ligue pour la Protection des Oiseaux —LPO— de Francia.

Junto con José Iván Cano, viajamos con Philippe hasta Cajamarca para visitar a Harrison y a su familia.

Para Niky y para mí aquel encuentro tenía algo difícil de explicar.

Cinco años antes habíamos llegado hasta esas mismas montañas para encontrarnos con un niño, buscar al Loro Orejiamarillo y poner unos binoculares en sus manos.

Ahora regresábamos a la casa de Harrison acompañados por uno de los referentes de la conservación de aves en Francia.

Habían cambiado muchas cosas. Pero el lugar de encuentro seguía siendo exactamente el mismo:

Cajamarca. La casa. La familia. La raíz.

La noche en que Harrison se vio a sí mismo

Tres meses después ocurrió uno de los momentos que más recordamos de toda esta historia.

En julio de 2026, Gardiens des Oiseaux llegó al 12.º Festival Internacional Cine en las Montañas, en Salento, Quindío.

Mauro estaba allí con Harrison.

Y entonces descubrió algo inesperado:

Harrison nunca había visto terminada la película de la que era protagonista.

Había querido esperar para verla con su familia.

Aquella noche finalmente se sentó frente a una pantalla.

Y comenzó la película.

Apareció Cajamarca. Aparecieron sus montañas. Las aves. Mateo. Su casa. Su familia. Y apareció él.

Durante 52 minutos, Harrison vio una parte de su propia vida convertida en una historia contada por otros.

Se emocionó.

Y cuando terminó dijo algo muy sencillo:

“Tengo que verla con toda mi familia”.

La frase se nos quedó grabada.

Porque después de una película, Francia, festivales y reconocimientos, el primer lugar al que Harrison quiso regresar fue exactamente aquel donde había comenzado todo.

Su familia.

Esa noche la película recibió además el reconocimiento en la categoría Naturaleza – Nacional del festival.

El premio reconocía la película.

Pero para nosotros, la mirada de Harrison frente a aquella pantalla contaba otra historia.

El niño de los binoculares

Han pasado apenas cinco años desde aquella fotografía de 2021.

Harrison tiene hoy 18 años.

Sigue siendo campesino. Sigue sembrando arracacha. Sigue trabajando alrededor de Arrakchitas. Sigue fotografiando aves. Sigue hablando de Cajamarca.

Y sigue siendo Guardián de las Aves.

Pero algo cambió.

El muchacho al que un día le entregamos unos binoculares es hoy mentor de otros Guardianes.

Ahora es él quien acompaña a niños y jóvenes que comienzan a descubrir las aves.

Quizás por eso esta historia es tan especial para nosotros.

Porque no nos la contaron.

Tuvimos el privilegio de verla crecer.

Sembrar es confiar

Y entonces regresamos a la montaña.

Harrison y Daniel continúan sembrando.

Uno a uno, los colinos de arracacha desaparecen bajo la tierra.

Son la cuarta generación repitiendo un gesto que comenzó mucho antes de que ellos nacieran.

Después vendrá la espera.

Porque sembrar es confiar.

Confiar en la tierra. En la lluvia. En el trabajo. En el tiempo.

Y después de acompañar a Harrison durante estos años, hemos terminado pensando que quizá conservar también se parece mucho a sembrar.

Uno hace algo hoy sin saber exactamente hasta dónde llegará.

A veces siembra una arracacha. A veces protege un bosque. A veces reúne a ocho muchachos para llevarlos a conocer las aves de Casanare.

Y a veces pone unos binoculares en las manos de un niño.

Después hay que dejar pasar el tiempo.

Y, con un poco de suerte, algún día uno puede regresar y descubrir cuánto creció aquello que sembró.

Niky Carrera Levy & Mauricio Ossa
Birds Colombia

Fuente: Birds Colombia